El duende hechicero

 

   Era de todas, la mejor manzana. Redonda, roja, brillosa. Seguramente por ello, a simple vista, la más apetitosa. Ella no dudó en tomarla para su hechizo de muerte, pues ya sabía del paradero de la dulce muchacha de piel blanca como la nieve. Lo que la historia no cuenta es que, esa manzana, en su interior llevaba un pequeño duende con cara, cuerpo y anillos de gusano. Sí, un gusano bien gusano que, al notar la magnitud de la maldad de la vieja bruja, deshizo el hechizo con un pase de magia, haciendo de esa porción de fruta, un somnífero delicado, cuyo efecto culminaría con un suave beso de amor. Lo que no imaginaba era cuán pronto llegaría el príncipe enamorado para poner fin a su pase de magia, y al cuento.
Todos, al ver a la princesa despertar, celebraron felices el fracaso del consabido conjuro de la madrastra, cuando en realidad el duende fue el verdadero protagonista de aquel acontecimiento con final feliz.
Lo cierto es que la historia continuó debido al éxito de su intervención, la cual le otorgó el título de Hechicero real, de manos de la monarquía.
Como no era un gusano común y corriente, sino un duende convertido a gusano a fin de salvar a la princesa, fue invitado a la ceremonia de casamiento de Blancanieves con el príncipe, por su maravilloso acto de haber salvado a la princesa.
Los siete enanos, al verlo, sintieron un poco de celos, pues ellos deseaban ser los únicos personajes diminutos del cuento y no querían competir con nadie, mucho menos con otro de su estatura y que tuviera poderes mágicos.

   En medio de la velada, a la hora del vals, la princesa bailó con todos los caballeros presentes, a saber: el Príncipe, el Rey, los enanos… Al llegar el momento de danzar con el duende hechicero, éste haciendo uso de sus poderes, se transformó en un apuesto caballero que, para envidia y desconsuelo de los siete hombrecillos, se lució junto a la preciosa dama, girando al compás de la música sobre la pista del gran salón dorado. Todos aplaudieron semejante demostración de valentía y coraje al desafiar a los pequeños y al mismo príncipe, mientras la bella Blancanieves reía sorprendida y halagada a la vez por tamaño comportamiento de caballerosidad de su parte.       El príncipe no podía creer lo que veían sus ojos. Estaba quizás a punto de perder a su amada debido a un pequeño truco, un sólo pase de magia del invitado especial de la corte.
Menos mal que, de un momento a otro, sonaron las campanas del reloj anunciando las doce y entonces, las damas emprendieron la huída, no fuera cosa que les sucediera lo que a Cenicienta. Se armó tal alboroto que se interrumpió el baile aprovechando así, los caballeros presentes, la ocasión para descansar y beber una copa de champagne.
Blancanieves y su amado esposo, agradecieron a todos por su grata compañía y, luego de los saludos correspondientes, se dirigieron hacia sus aposentos.
La fiesta culminó en plena armonía luego de que los siete enanos se despidieran formalmente de todos los invitados, incluso del duende hechicero quien, abandonando ya el personaje de caballero, se retiró a su morada.
Luego de varios días, se dispuso a convertirse en pluma, de esas que en ese entonces se utilizaban para escribir. Así fue que una mañana redactó la verdadera historia de Blancanieves y los siete enanitos, para que todos ustedes la puedan conocer.
¡Espero les haya gustado!

                                                            Claudia Beatriz Felippo

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2 comentarios en “El duende hechicero

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