El reino de los cuentos

 

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   En el reino de los cuentos, había un hada pequeña que, como toda niña, era algo traviesa, inquieta y muy, pero muy despistada. No tenía reparo en mezclar todas las historias, intercambiar personajes o darle otro final a los cuentos, sin importarle demasiado que, con tanto embrollo que ocasionaba, perjudicaba a príncipes, princesas, animales, brujas y demás personajes de los más bellos, clásicos y tradicionales cuentos.
Así fue que, a decir de ella, la Bella durmiente sufría de insomnio, Blancanieves se la pasaba durmiendo todo el día, Cenicienta tenía dos hermanas vestidas con harapos, Caperucita Roja no cuidaba de su abuelita, y etc etc etc.

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   Una mañana en que el hada despistada, llamada Inés, se dispuso a desayunar, como lo hacía siempre, al borde del lago de los cisnes, halló entre unas piedras, un zapatito de cristal y pensó que seguramente la princesa Bella lo estaría buscando. Sin pensarlo dos veces, envió a un mensajero hasta el castillo, aclarándole que tuviera mucho cuidado con la Bestia, no fuera a ser cosa que lo maltratase. Como el mensajero conocía bien la historia de ambos cuentos ( La bella y la bestia, y Cenicienta) y las confusiones que Inés solía presentar, hizo caso omiso, en parte, a su pedido y partió con el zapatito de cristal hasta el palacio donde vivía Cenicienta. Claro que, al dárselo, ella creyó que era su amado príncipe, y le dio un gran beso de amor.
Eso no fue nada comparado con la historia de Blancanieves, quien en ocasión de estar remendando el pantalón de uno de los enanitos, se pinchó con la aguja y durmió por muchísimos años y, no sólo ella, sino también los pequeños hombrecitos, los pajarillos y demás animales del bosque y hasta la malvada bruja, que en ese momento llegaba con su manzana envenenada.

     Por suerte, como el cuento finalizaba, al igual que el de la Bella durmiente, con el beso del príncipe, al llegar éste y darle el dulce beso, Blancanieves despertó y, más tarde, se casó con él, fueron felices y comieron perdices. Eso sí, la bruja al despertar, huyó despavorida y sin rumbo, hasta arribar sin querer, a la casa de chocolate del cuento de Hansel y Gretel y, al comprobar que estaba deshabitada, luego del final feliz para los niños, decidió quedarse allí, escondida a resguardo de que aparecieran los enanos a vengarse de sus malas intenciones para con la hermosa Blancanieves.
Inés, a todo esto, confundida una vez más, deseaba encontrar el otro zapatito de cristal y entonces siguió buscando entre las piedras al borde del lago, con tal suerte que halló un gran huevo entre unas hierbas y ramas pequeñas, reunidas a modo de nido, tal vez en un descuido eventual de las aves acuáticas que convivían al borde del lago. Lo cierto es que el hada tomó el huevo entre sus manos y se fue volando, como toda hada, hasta su casa.
A los pocos días, en ocasión de andar ella de paseo por los cuentos, llegó hasta allí en busca de alimento, el lobo de la historia de los tres cerditos y, al ver el apetitoso huevo, decidió llevarlo hasta su guarida para luego comerlo.

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   En el camino, descubrió un granja y pensó que podría encontrar otros manjares para saciar su hambruna. Dejó el huevo en el corral de los patos y se aprestó a cazar una de estas aves con prontitud. Estaba tan satisfecho luego de obtener entre sus garras a la más grande, que huyó con el ave entre los dientes, olvidando el huevo. ¿Será por eso que el patito feo resultó ser un cisne al final del cuento? Seguramente, ya que Inés tenía la costumbre de enredarlo todo y todo el tiempo.

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   A medida que ella fue creciendo, variaron sus cualidades y también los defectos. Algunos mejoraron, otros no. En ocasión de realizarse la asamblea anual de hadas del bosque, entre todas las hadas reunidas allí, decidieron enviar a Inés a la Escuela de hadas, con objeto de realzar las virtudes de la niña y hacer de ella la mejor hada de los cuentos de toda la historia. Sólo así podrían evitar que siguiera mezclando las historias y poniendo finales inverosímiles a los cuentos clásicos. En poco tiempo, descubrieron en ella a una persona bella, con grandes poderes mágicos y mucha bondad. Con el esfuerzo de todas sus maestras y el de ella misma, aprendió muchísimas cosas relacionadas a los cuentos para niños. Menos mal, sino qué sería de todos quienes escribimos para ellos…
¿Me creen si les digo que en el reino de los cuentos pasaban cosas raras y, no sólo debido a los despistes del hada Inés, sino también a causa de ciertos ratones de biblioteca, de esos que suelen andar entre los libros?

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   Parece ser que, en la Escuela de hadas, Inés aprendió que, muy a menudo, los ratoncitos de bibliotecas entreveraban libros, con guiones de películas y otros objetos de esos que se acopian en los muebles. Así fue que el tal Ratón Pérez, que visitaba a los niños entre sueños para quitarles los dientes que dejaban bajo sus almohadas a cambio de algunas monedas, se quedó dormido bajo un árbol, con su bolsa colmada de dientecitos entre las manos. Justo bajo ese árbol supo dormir Alicia, la de El país de las maravillas. El ratón, sin querer, estaba metido en su historia, siendo el protagonista, junto al conejo blanco, el sombrerero, la oruga azul, el gato, la reina de corazones…
Luego de revivir aquel sueño fantástico que hiciera famosa a Alicia, el ratoncito despertó al momento de sentir que algunas hojas del árbol caían sobre su rostro. La única diferencia con la historia original era que, nada más ni nada menos que el ratón Remy, gran chef gourmet, y no su hermana ratona, se sentó bajo el árbol a la espera de que le sucedieran las mismas aventuras y, en lugar de té, el ratón Pérez se dispuso a comer un exquisito plato elaborado por dicho chef en base a una variación del conocido Ratatouille de París, con el agregado de queso, como era de esperar.
Por eso, gracias a Inés, ahora es sabido que dichos ratones de bibliotecas solían entremezclar las historias de los libros de cuentos con las de las películas. Entonces no se asombren si de pronto el lobo feroz de Caperucita Roja se acuesta en la cama de Peter Pan, o si a Bambi le crecen las orejas, tanto, pero tanto, que puede volar como el elefante Dumbo.

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   Será cuestión de imaginación y no de equivocación, cómo la fantasía misma despierta nuevas imágenes, de personajes e historias, en la mente de quienes las leemos y escribimos. Y, aunque algunos intenten cambiarles el final, de todas maneras habitan en nuestra mente y dan alegría a nuestro corazón.

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   Podrán existir hadas despistadas, ratones traviesos, autores contemporáneos, cuentos de hadas clásicos y otros originales, infinidad de historias y protagonistas, pero aún así la literatura siempre será única, universal y para todos quienes gocemos del reino de los cuentos.
Y …Colorín colorado, atrapemos una historia en nuestra manos y acunémosla en nuestro corazón por siempre, así y sólo así, la magia de los cuentos no habrá terminado.

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Claudia Beatriz Felippo

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