En la penumbra imaginaria del reloj

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Alguien me dijo alguna vez
Que mis ojos bailan cuando miro
Y mi mirada es un poema danzante
Cargado de letras solares
De rimas que afloran sin espinas
Entre vapores y nubes aladas
Con metáforas perfumadas
Suaves pétalos de cielo asonante.

Alguien me dijo alguna vez
Que mi alma es un manojo de letras
Abecedario vivo que late a racimos
De frutos rojos y uvas de tinta oscura
Que renacen bajo la luz del sol
Y a mordiscos de claridad
No le temen a nada ni a nadie
Ni siquiera a mi propia sombra
En la penumbra imaginaria del reloj.

Cada letra es un fruto que se abre
Al hambre y a la sed
Casi un almíbar para otras bocas
De inconfundible sabor
Y es su jugo y su color, alimento
Delicioso que ennoblece el corazón
Mientras galopa al calor del día
O reposa en la quietud de la noche
Abrazado a la luz de la luna.

Y en ese exquisito bocado de tinta
La palabra es herida que sangra
Y calla, respira silente, a solas
Pero también llora, gime, grita, habla
Y canta, la palabra canta
Es melodía abierta, musicalidad etérea
Eco infinito de la voz del alma
Que evoca, transita, pregona, añora
El origen de las cosas y del sentir
En lo perpetuo del amor
Lo intangible de la inspiración
Que se hace tacto en la palabra
Mientras el cielo se viste de gala
Con un poemario que aguarda
Tu mirada de firmamento estelar
Especialmente cuando estoy ausente
De mí, de vos, de todos
En el inefable atardecer de la vida.

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