La flor y el pájaro azul

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Él quería ver nacer la flor, me hice semilla,
Sus manos me acariciaron, brindaron calor,
Sus ojos me miraron con intensa luz.

Me dejé, me dejé, me dejé querer,
Y broté, broté, en su corazón de pájaro azul,
Le abrí mi alma, pétalo a pétalo,
Y llena de amor perfumé su agitado vuelo.

Ahora viene a besarme cada tarde,
Y se duerme en el sueño de la flor que soy,
En el recuerdo de aquella que fui…

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El cumpleaños de la gallina coqueta

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El próximo sábado habrá un gran festín
En el gallinero del gallo Pepín,
Es Pepa gallina la que cumplirá años,
Pero es tan coqueta que no dice cuántos.

Las gallinas cluecas cocinan budín
Con granos de trigo, avena y lombriz,
Mientras que a Pepa en la peluquería
Le peinan su cresta y plumas rojizas.

Doña bataraza está en la cocina,
Amasa y amasa un montón de harina,
La mezcla con huevos, azúcar y miel,
Se chupa los dedos: ¡Qué rico pastel!

Un coro de gallos, de gallos cantores,
Ha sido invitado para los honores,
Los cinco pollitos de frac y bastón
Darán el inicio a dicha reunión.

El próximo sábado habrá un gran festín
En el gallinero del gallo Pepín,
Un corococó, un quiquiriquí,
Cacarearán todos el “Cumpleaños feliz.”

Un quiquiriquí, un cocorocó,
Que esto se termina, que se terminó.

 

 

 

Luna de abril

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Entre nubes esponjosas sobre mi bosque de estrellas
Asoma sonriente, luminosa y bella la tibia luna de abril
Es su rostro un himno plateado en las notas del cielo
Encantado sueño de alondra en el firmamento otoñal
O tal vez escriba el prólogo de algún poemario eterno
Despojando de hojas mi alma entintada para anidar.

Vuelan mis letras llevando trinos de sol para su corazón
Palabras de amor la coronan en alguna que otra canción
Pincelando páginas del tiempo cada noche su aura late
Y a versos de horizonte y metáfora azul su luz renace.

La luna es el libro mágico donde suspiran los amantes
Una antología de caricias desnudas que se abre al mirar
Mientras ronda sobre el mar cual gaviota en vuelo rasante
Llevando en sus alas el mejor poema de amor universal.

 

Claudia Beatriz Felippo

 

 

Amapolas

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Florecen besos
cual amapolas
en busca del sol
de tu cuerpo.
En los labios
erguidos poemas
de mi boca
perfuman tu nombre.
Dame tus rojos
hagamos florecer
todos los versos
todos los besos.
Ven, amor mío
no me dejes sola
el corazón de mi flor
grita tu nombre,
el mío llora.

La misma luz

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Me elevo a tu encanto, bella luna,
mis pies tocan el cielo de puntillas
para no incomodarte con mi canto,
y mi voz sale vestida de deseo,
entre nubes sonoras que te rozan,
cual notas inquietas sobre el piano,
a caricias suaves de mis manos.

Te miro sin piedad, te invado,
soy parte de ti y tú de mí,
dos almas, la misma luz,
en danza incesante, las bocas;
tantos besos contigo me perdí,
yacen versos en la memoria,
tantos sueños esperando por ti,
trinos de sol con voz de aurora.
Al fin hoy abren sus alas,
las despliegan a cielo abierto,
vuelan hasta tus labios,
a tu nido, a posarse en ellos,
para enredados en tu sabor,
con mi sabor, guardar secreto.

¿Oyes la música, luna hermosa?
Ven, tómame, no tengas miedo,
hagamos de esta noche nuestra gloria,
tu poema y mi canción, la misma luz,
dos corazones, un mismo latido,
danzando en el aire y a ritmo de blues.

 

Gaviota

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Tenía el alma llena pájaros
Plena de sol
Y el corazón abierto
A su mirar;
Un vuelo incesante de gaviotas
Acercándose a su orilla
Para beber,
Alimentarse en su luz,
Como si no existiera el mar,
Y no pudiera latir en otras aguas.
Porque ella tenía el alma
Llena de alas,
De cielos abiertos al amor
En donde habitar,
Cual regazo tibio que arropa
Que invita a anidar.
Y no había que pensarlo más
Sólo mirarla a los ojos
Dejarse llevar
Y compartir el vuelo,
Sin importar la noche,
Porque tenía el alma llena de luz,
Y el corazón abierto a su mirar,
Entonces él también fue gaviota.

 

Mientras suspiro

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A menudo no soy yo la que escribo,
No me doy cuenta sino hasta leerme,
Pasados los minutos, mientras suspiro,
Como si soltara de pronto con el aire
A quien me dictó esos versos benditos,
Lentamente, bajito, muy bajito.

Entonces pienso que estoy poseída
Por su espíritu soleado que me mira,
Se apodera de mis manos y respira
De mi boca, de mis poros, mi sentir,
Haciéndose dueño de mi poesía.
También pienso que es buen bailarín
Pues me toma de la cintura y me lleva
A recorrer escenarios entre sus piernas,
Mientras danzo en el paisaje inacabado
De sus labios, que me versan, me besan,
Y susurran -Te quiero- entre giro y giro,
De ese tango feroz de musas y poetas.

A veces no soy yo la que escribo,
Y no sé si me gusta leerme tan suya,
Encontrarlo en metáforas candentes,
Mientras dibujo su cuerpo de frente,
O cuando oigo sus pasos lentos
Caminando los pasillos de mi mente,
Como buscando salir del laberinto,
Sin hallar ni una sola mota de luz,
Porque no existe mejor constelación
Que la de su sonrisa junto a mi cruz,
La que brilla entre las estrellas, al sur.

Entonces vuelvo a ser yo la que versa,
La que sueña latiendo nuevas letras,
Imaginando un mar abierto en calma,
Donde asoma cada latido de su corazón,
Cual poema naciente sobre el horizonte,
Mientras desempolvo viejas melodías,
Entre pentagramas de nubes y alegorías,
Con la primavera floreciendo a mis pies,
Porque cada suspiro es una bella canción
Con acordes de lluvia y arcoiris en sol (menor).