Versos para Emiliano Sala

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En los remotos suburbios de un canal lejano
donde yacen las agujas de un tiempo que no es
toda quietud se vuelve frío lamento,
una herida abierta, lágrima perenne de pesar.

Un par de alas de quebrado dolor resisten
el naufragio de la impericia, la fatalidad,
escupiendo retazos azules bajo la noche ventosa,
a orillas de un sendero fatídico e indiferente, de sal.

Todo parecía romperse sacudiendo el letargo
de un puente de aire que se abrió por la mitad,
dejando a su paso la estrepitosa caída, inesperada,
de pasajeros sin voz, a puro silencio, misterio y dolor;
una nube de tristeza y vapor les arrancó el mañana
transformando el temor en agónica despedida,
con palabras abiertas al corazón, disparos de amor.

No hay jardines ni flores en lo profundo del mar,
no hay recuerdos de pétalos blancos ni tumbas,
sólo huesos congelados, llantos apagados en quejidos,
y un adiós vestido de plegaria, con rubor de ángel
que asoma su luz de brazos abiertos en vuelo celestial.

Dicen que en el fondo del mar el silencio es paz,
no se oyen las campanas ni afloran las despedidas,
quizás por eso no hay pájaros, templos, ni violines;
quizás existan remolinos de poesías aladas,
coloridas como peces,
que abrazan como si fuesen cardúmenes de sol
que no muerden, no gritan, no lloran,
pero acarician, acompañan, mojan, desde la sombra,
en medio de un abismo por demás de indeseado,
que asoma con la fuerza del universo,
a rasguños de luna,
que aunque lejana acompaña silenciosa, temblorosa,
mordiendo la inmensidad del adiós, con rumor de pueblo.

Un sollozo intenso late en cruz, como agua bendita,
arropando tu piel, tu cuerpo y tu alma,
envuelve tu pecho, santigua tu ser,
llega hasta donde nadie puede llegar;
el destino te puso allí, en ese lugar del mundo,
en ese brazo de mar llamado Canal de la Mancha,
donde Dios levanta un altar estelar en tu nombre,
y te acompaña, desde ayer y por toda la eternidad.

#EmilianoSala, que descanses en paz.

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La mejor de las mentiras

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Me gustaría decirte tantas cosas…
Pero no me atrevo.
Cómo decirte que extraño el roce de nuestros cuerpos
La caricia sentida, el deseo urgente, expresado con pasión
Ese instante en que el tiempo se detenía en tu abrazo
Cada uno de los besos, los silencios, los sueños.

Recuerdo todo de vos, hasta tu olor
La manera en que venías y me tocabas, lentamente
Cerrando los ojos, y recuerdo cuando me levantabas
Y llevabas hasta tu cama, entonces me hacías tuya.

Cómo decirte cuánto me duelen esos otros labios en tu boca
La mirada cómplice, la caricia entregada al amor de otra mujer
Que no te conoce y quiere como yo
Porque nadie jamás podrá quererte como yo
Porque nosotros somos el perdón hecho canción de amor
deletreando mieles, aunque no puedas verlo.
Si supieras lo que sufro al imaginarte entre sus brazos
Piel con piel, compartiendo la risa, las canciones, la música.

Me gustaría decirte tantas cosas…
Pero no me atrevo.
Cómo explicarte que al oír tu voz, de tanto en tanto
Regresan a mí las ilusiones de un mañana juntos
Con la esperanza de sentirte cerca, de besar tus mejillas de sol
Tus ojos de cielo claro abriéndose a los míos
Mirándonos, penetrándonos hasta tocarnos el alma
Como queriendo alcanzar el paraíso en un verso olvidado.

Ay, amor, si supieras todo lo que tengo para decirte
Y no me atrevo…
Te lo podría resumir en un verso, un solo verso
Porque la poesía vino a llenar cada vacío de vos en mi pecho
La poesía me da lo que no tengo, aunque sea una mentira.
Porque me miento, amor, me miento, pensando que algún día
Regresarás a mí y haremos el amor, como tantas veces…
Me miento pensando que ya no la amás, que mío es tu corazón
Y que caminaremos a la par, todo lo que nos faltó recorrer
En el sendero de las noches y los días
Mutando cada caricia de luz en el latido de cada estrella,
En una peca de luna, un ramillete de sol, una gota de lluvia
En esa nube que despierta la tormenta cuando venís a mí de tanto en tanto
Y deseo que que me toques, me beses, me lluevas.
Si, amor, me miento cada día al pensarnos
Vos y yo, juntos
Ésa es y será siempre la mejor de las mentiras.

En otra dimensión

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“En otra dimensión”

En el entrecejo de la noche se esconde
El puñal inevitable de la muerte
Bajo los pasos del taconeo de la luna
Que nos mira mansa y cauta respira.

Nada hace más mella que el quejido
De las horas aciagas en el claustro del alma
Donde cada herida es una negra lágrima
Que gotea, a pulsaciones de dolor
El raid insoslayable de la pena.

Qué será de los zaguanes sombríos del corazón
Donde nunca faltó el rítmico y musical quejido
Qué, de las calles empedradas de la conciencia
Donde otros pasos dejaron huella
Y la voz se hizo eco de noctámbulos ladridos.

Quizás se arme una fiesta entre farolas y árboles
Tal vez las aves acompañen con gorjeos y trinos
Y cada amanecer vista de poesía a los nidos
Acaso las cigarras y los grillos escriban odas
Escondidos bajo la higuera de mis sentidos.

Pocas veces le escribo a la muerte
Es como si me diera miedo nombrarla
Ella se esconde, agazapada entre madejas
Y murmullos de ruecas, copos y ovillos
En el telar sombrío de las miserias
Es caricia indeseada del huso que devana
Las fibras que imprimen el entramado
De soliloquios que brotan de mi raíz.

Ojalá cuando me encuentre la dama blanca
No te esté esperando en un lóbrego rincón
En medio de un suspiro letánico, en tu nombre
Ojalá me halle a pasitos de un claro de luna
En la calle, al son de fanfarrias alegres
Como aquellas que despertaron mi sed de amar
Con el albor de la piel en la pasión desmedida
De inolvidables abrazos festivos.

Quizás me recuerdes, al susurrar tus ojos
Ese poema de amor que hice mío
Ojalá me pienses luz, en cada rayo de sol
En cada verso de luna en tus dedos
Y que cada latido de tu corazón fulgure
Como capullo que despierta en primavera
O mariposa que abre sus alas al vuelo
Por primera vez.

Entonces floreceré y volaré feliz tu cielo
Y en cada nube sobre tu cabeza
Seré lluvia de estrellas
Y te sonreiré, en un aleteo de besos sin fin
Con la mágica celeridad del colibrí
Para que sepas que sigo allí, amándote
En otra dimensión
Pero cerca, eternamente contigo.

No te vayas, amor mío…

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Desde que tus ojos se posaron en mí
No existe otro cielo, otro aire, otro sueño
Más que el de este sentimiento inacabado
Que me recorre de punta a punta
Como si fuese un río de fuego y soles
Un sendero de luciérnagas en vuelo
Una tormenta azulina de flores y centellas.

Acaso al mirarme se hace luz de estío, el alba
El secreto que sangra en la corteza del tiempo
El eco del cantar de la luna que danza en el agua
La nostalgia del bosque sin lluvia ni trinos
Las cicatrices del viento en las aceras
La gota de silencio que humedece el perdón
De horas de espera, entre paredes grises
De viejas casas vacías, en lo profundo del mar
De barcas sin timonel, de redes sin pescador.

Después de ti, de tu mirada sin sombra
Nada será tan intenso ni reconfortante
Para mi alma de cristal labrado sin serpentinas
Porque tus ojos son como aves que arrullan
En noches mansas sin brisa ni marejada.

No habrá oscuridad mientras me mires
Ni calles sin farolas, ni melancolía de olas
Sin espuma, ni lagunas, ni redes sin peces
Sólo melodías de arreboladas mejillas
Caricias carmín y enredaderas de poesía
Perfumada de rocío, asomando en el balcón
Inevitable de la memoria de las horas.

No te vayas, amor mío, no te vayas
Porque sin tu luz no sobrevivo
Al abismo de tanto paisaje desolado
Tanta estatua marmolada, de hastío
Tantos fragmentos de botellas sin mensaje.

Porque sin la luz de tu mirada
Mi corazón de arena se pierde y naufraga
Junto a un sueño de arrecifes y caracolas
De arcoíris de nubes de sal y horizonte
De velas sin viento, de cantos de sirena
Que se ahogan, en medio de un jardín
De sol en eclipse, sin rosas, ni amapolas.

Camino al olvido




Arrancame la vida, vení
Quitame los pétalos de mi ayer con vos
Que no quede nada tuyo en mi piel
Apurate, ya no hay tiempo
Casi no llevo flores, solo espinas
Y resabios de ese aroma exquisito
Que me hacía sentir tan bien
¿Te acordás?
Solía embriagarme con tu olor…
Ya no, ya no quiero nada
Ni rastros, ni huellas, ni nostalgias.

Voy camino al olvido, y llevo prisa.

Diamante rosa

Un diamante rosa es tu boca
Brújula preciosa de cara a mi norte
Giro ansiado de sol trayéndote a mí
Con la piel y el deseo intactos
Luciendo beso a beso todo el encanto
Iluminando cada peca de mi rostro
Muda transparencia, mágico sentir.

Un diamante rosa es tu boca
Una joya hermosa buscando mi beso
Recorriendo lento el mapa de mi piel
Entre coordenadas esculpidas a latidos
Latitudes diseñadas sin voz ni aromas
Sólo ecos de diademas reales y suspiros.

Un diamante rosa es tu boca
Tallada piedra en la congruencia
Que asoma tras los muros del alma
Pliegues de sol, laberintos de agua
Labios de fuego, matiz cuasi perfecto
Mota fulgente de apasionado esplendor
Que resalta tanta voluntad de amar.

El color de la poesía debería ser el rosa
Rosa como tu boca de diamante rosa
Pequeña alhaja fulgurosa que cautiva
Valioso tesoro de luz, de pluma y tinta
Esa piedra fina del cofre de mi sentir
Rosa como la gema de tu boca deseosa
Metáfora inacabada que intento escribir.

Ojalá fueran rosas también las cenizas
Rosas cristalinas floreciendo versos
En el verde que imaginan mis pupilas
Mientras un verso germina en la hierba
Y se vuelve joya sobre una hoja blanca
En la quietud majestuosa del silencio
Rosa como las alas de esta mariposa
Abriéndose al vuelo infinito del amor.

Morir de ti

He muerto tantas veces
y tantas veces resucité
que podría morir otras tantas
muchas otras, quizás mil
y aún así no dejaría de amarte
de esperarte, de nombrarte
de soñarte conmigo, en mí.

Porque contigo renazco, vivo
me entrego y dejo abatir
con todo el temple, la fuerza
la sangre, la piel, la pasión…

Si de algo hay que morir,
que sea de amor, que sea de ti.