De reversa

 

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Odio que te me aparezcas en sueños, te apoderes de mí, de mis ganas, de mis ojos, de mis manos, de mis letras.

Odio que te me aparezcas en las noches, te apoderes de mis lunas, de mis cielos, de mis nubes, mis satélites, mis estrellas, mis oscuros desencantos.

Odio que te me aparezcas en la mente, te apoderes de mis pensamientos, mis recuerdos, mi ayer, mi mañana, mi presente, mi prontuario.

Odio que te me aparezcas en la cama, te apoderes de mi cuerpo, de mi piel, de mi sexo, de mis labios, mis orgasmos.

Te preguntarás por qué, y no sabría decirlo, no sabría mentirlo, no sabría explicarlo.
Es que del amor al odio hay un solo paso, dicen, y yo hace rato que voy en camino hacia ti, de reversa.

Claudia Beatriz Felippo

Palabras para el alma

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Como parte de las actividades planificadas en el proyecto literario del Jardín de infantes donde tengo el placer inmenso de trabajar, tuve la gran dicha de compartir uno de mis cuentos con todos los niños, docentes y familias.

Fue una experiencia inolvidable, muy gratificante y que me ha colmado el alma y el corazón de mucho amor.

Así, “El pintor del cielo” llegó a cada uno de los hogares para ser leído, comentado, y además, con la propuesta de, en relación a sus sensaciones y emociones, elaborar un dibujo y escribir sus sentimientos respecto del mismo.

Así, con infinita emoción, día a día, la maestra me leía frente a todos los niños, cada mensaje y me mostraba los hermosos dibujos realizados en familia. Al finalizar la lectura, el merecido aplauso, abrazo y beso mío, y en nombre de todos los niños y docente, al pequeño autor, haciéndolo extensivo a sus padres y hermanos.

Hoy deseo compartir con ustedes, mis queridos lectores, uno de esos bellos mensajes, elaborado con mucho amor por la familia de Valeria Carmona, de la salita de cinco años.

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“En familia nos reunimos y mamá leyó el cuento, como pidió la Seño. Entonces les pregunté:
-¿Qué imaginaron del cuento?, y mamá dijo que empiece por mi hermana así se iba a dormir, se levanta temprano.

-¿Qué imaginaste Vicky?- pregunté
-Me imaginé a los pintores amigos llevándole colores. Está bueno tener quien te ayude cuando las cosas no van bien, y ojalá Miguel Ángel no pinte nubes de lluvia el sábado porque voy a salir con las chicas -y se fue a dormir-

-¿Y vos má?-se sonrió y dijo
-Yo pensé en todos esos cielos y, como un avión, los recorrí. A Miguel Ángel no lo conozco pero ya que pinta tan lindo, que haga una que otra nube blanca en esos celestes brillantes, así tapa un poco el sol, siempre me olvido los lentes, ¡y me arrugo!

-¿Y vos Pá, ¿qué te imaginaste?
-No, no, yo a Miguel Ángel lo conozco. Bueno, no personalmente, ¡pero sé quien es!
-¿Quién es papi? -y dijo algo de un Miguel Ángel Buonarroti, Buona no sé qué, que pintó un cielo de ángeles en el país donde nació mi abuela. ¡ No entendí nada, ay este papá!-

-¿Y vos Vale? -preguntó mamá
-Yo ahora sé , Miguel Ángel juega conmigo dibujando sobre esos celestes, nubes con forma de osito, avión, dinosaurio, la cara de un perrito, pero el viento, también jugando, se las borra.
Aunque a mí no me gusta cuando pinta de gris, que hace llover, y espero mirando por la ventana si el sol lo ayuda y me regala un cuadro diferente con un arcoiris que, como un tobogán, me lleve a una olla de oro o de masitas ricas que un duende no me quiere convidar.
Gracias a Miguel Ángel, gracias a este lindo cuento, todos hoy miramos al cielo buscando el pincel que nos hizo viajar con la imaginación”.

 

Muchísimas gracias Vale, y a toda la familia, por esta emoción que me nubla la vista y el corazón!!

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¡Muy felices fiestas!

¡Y que la campanita de Papá Noel suene fuerte en sus corazones!

 

Te quiero Vale!!!

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Claudia Beatriz Felippo

¡Gracias, totales! Palabras para Gustavo Cerati

 

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No te digo adiós, te digo hasta pronto, hasta que nos volvamos a ver, y cantemos juntos tus bellas letras, tu poesía inconmensurablemente sublime, como lo hicimos aquella vez, en el estadio marplantense junto a Soda Stéreo, cuando con mi hermano saltábamos cantando a todo pulmón y emoción en el Campo y sentíamos que nos mirabas a los ojos mientras desplegabas toda tu expresividad, canción tras canción. Sonaban tan lindo, tu dulce y excelente voz, la magia de tus manos en la guitarra, las letras maravillosas. El aire era una fiesta de poesía, sonido y color…
Nos volveremos a ver, y ese día, el cielo, se vestirá de fiesta. Sé que no estaremos solos. El Flaco Spinetta, la Negra Sosa, el Tuerto Wirzt, y muchos otros, nos acompañarán haciendo ese magistral concierto de ángeles que todos imaginamos, dan los grandes músicos cuando ” se van de gira”.
Sabías del amor y la admiración de todos quienes te disfrutamos, y entonces te fuiste de a poco, generosamente, despidiéndote lento, pausadamente, quizás pensando que te sufriríamos menos de ese modo. No fue así, sufrimos mucho tu partida. Teníamos la esperanza de que un día pudieras despertar. Te extrañaremos mucho.
Cuatro años durmiendo, soñando nuevas canciones y cobijándolas en cada latido de tu corazón, ese noble y fiel corazón que no dejó de latir hasta que lo decidiste, tal vez cansado de tanto luchar.
Nos queda la magia y la calidad de tu obra, obra que nos trascenderá a todos, a través de todas las épocas, porque así es la magia del artista. El público es siempre quien le da la garantía de seguir sonando, viviendo, palpitando, deleitando, generación tras generación. Trascender.
Hoy, todos te decimos, con la misma emoción y sentimiento de gratitud conque
lo dijiste esa otra noche de concierto único e inolvidable, en Buenos Aires:

¡GRACIAS, TOTALES!

 

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Claudia Beatriz Felippo

A mis amigos…

 

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Los verdaderos amigos y aún los que no lo son tanto, en esta fecha, se reúnen, saludan, felicitan, escriben, telefonean, abrazan, comparten, sueñan, disfrutan, viajan, brindan.
Hay muchas clases de amigos.

Están los de toda la vida, los que comparten la niñez, la escuela, la adolescencia, los estudios terciarios, universitarios, la profesión, la familia, los hijos, la etapa de madurez.
Los que la vida te brinda en ocasión de algún viaje, los que comparten tu tiempo virtual, tus gustos y placeres en cuanto a las expresiones artísticas, deportivas, el gimnasio, jornadas de trabajo, de capacitaciones, conciertos musicales, bailes.
Yo tengo muchas amigas, habitando en el alma. Todas están siempre en mi pensamiento, aunque estén lejos en la distancia, muchas de ellas están cerca.
Algunas, en el recuerdo de mi niñez, jugando a las muñecas, la rayuela, la mamá, la doctora de animales, la maestra

Tengo amigas de todos los colores, sabores, intenciones, sueños y corazones.
También tengo amigas en el deseo, imaginando que llegarán cualquiera de estos días a compartir mi vida, mis tardes de sol y noches de lluvia.
En mi espacio de trabajo tengo amigas que me escuchan, aconsejan, acompañan, sonríen conmigo, comparten mis delirios, mis palabras, el cariño y la voluntad. Porque de eso se trata de tener voluntad. Voluntad para sembrar, cosechar y compartir el fruto. Voluntad para sostener los lazos, con fuerza, afecto, entrega, sinceridad y gozo. Si una no goza de la amistad, no es tal. Si una no trabaja cada día para fortalecer esos lazos, comienzan por deshilacharse y al final se rompen.

Lo bueno de la amistad es que esos lazos perduren, aunque a veces no haya oportunidad de relacionarse a diario y aunque la vida nos enfrente a diversidad de actividades quitándonos el tiempo, no así las ganas.
Yo siento que mi corazón late con el cariño de muchas de ustedes y, si no existieran, no podría sentir las pulsaciones que hacen de mi vida un cielo estrellado en la noche, un día soleado y cálido en invierno, un arcoiris en mis tardes de llovizna.

Y si me acompañan a soportar la fuerza del viento en la tormenta, las horas de tristeza cuando llega, los sueños, la música, las letras, la infancia con delantal a cuadritos, el tiempo libre, la luna llena, al amor, anque el facebook, el twitter, entonces soy feliz.
Gracias a todas mis amigas y a mis amigos de siempre, de ayer, hoy y mañana, de todos los espacios y horas.

Gracias por estar, compartirme y permitir compartirlos.
Las quiero, los quiero.
¡Feliz Día!

Claudia Beatriz Felippo

Cielo estrellado

 

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Hoy no le escribo al poeta. Le escribo al hombre, ése capaz de construir edificios de palabras, arquitecto de grandes rascacielos que logra levantar aferrados a sus propios cimientos. Porque en cada una de sus obras, queda allí su impronta, su energía, su caudal de sentires y sueños, de verdades que intenta hacer oír y que más de una vez, encierran gran parte de su experiencia de vida. Y, así como el arquitecto proyecta levantar torres de ladrillos con su vista fija hacia el cielo, el poeta puede concatenar y apilar palabras que intentan embellecer el mundo, envueltas en un exquisito diseño que seguramente, ante su propia vista y a la vista de los demás, conformarán su mejor obra.
Pero a veces la vida pone trabas, el viento juega en contra, el material no es tan concreto, entonces se hace necesario reforzar cada elemento para asegurar el esfuerzo de compresión y lograr mantener en pie un edificio.

Así también, el escritor o arquitecto de palabras, se esfuerza, pone todo de sí, con pasión, garra, esmero y profesionalismo. Su mayor satisfacción será el reconocimiento por su trabajo, para el cual empleó lo más sublime de su imaginación, creatividad, sentido de la estética y técnica, los que le ayudarían a desarrollar su gran obra, de arte.
Y vaya que es arte lo suyo. Cómo no expresarlo de esta especial manera, si cada sueño encerrado en las palabras, puede levantar infinidad de torres tan solo uniendo tierra y cielo con una simple caricia nacida del alma.

Pero además el arquitecto puede también, al igual que un ingeniero, proyectar, diseñar y construir puentes sobre diferentes terrenos con el objeto de salvar espacios geográficos, utilizando los elementos necesarios para lograr su fin.
No solo ellos. También el poeta puede diseñar y construir puentes, simplemente para unir almas y corazones que comparten los mismos sueños e ideales, los que cruzarán esos puentes para encontrarse y compartir su singular y maravilloso mundo.

Así fue, en ese trayecto recorrido sobre el puente, nos cruzamos, ustedes y yo, y enlazamos nuestras miradas a través de las letras. Fue en el despertar de la imaginación, en la manifestación de la belleza, en la arquitectura de la poesía, la calidad de los escritos, la magia de las palabras. Fue en ese instante, único e inolvidable, en que se hizo luz cada uno de los versos y, como estrellas iluminando el cielo, ahora reposan en mi alma donde nunca más dejarán de brillar.
Gracias a todos por compartir este maravilloso cielo conmigo.
Llevo todas estas bellas estrellas titilando en mi alma, iluminando por siempre mi corazón.

¡Gracias, infinitas!

 

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Claudia Beatriz Felippo

Clavel del aire

 

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Un simple clavel del aire llegó con su manto verde grisáceo a formar parte de mi vida, a alimentarse de la humedad que le brindan mis ojos, del polvillo de mis horas devastadas, del aire que respiro, a embellecerse con mi luz. Adherido a la sequedad de mis labios, me besa, intentando absorber mi silencio, soportando el propio desarraigo para mecerse entre mis brazos, cual si fuesen tallos inertes de sus desgracias.

De pronto, los brotes que subyacen entre mis dedos, son como pecas de aliento ante la simpleza de su corola, que se tiñe del color del cielo para abrirse en la piel de mi abrazo, por única vez, floreciendo su mejor verso en mi nombre. Y entonces me dejo seducir, hasta que al fin me enamora y, embelesada en su belleza, me retroalimento en la luz de su rostro.

En unos segundos, mi boca se abre en flor. Ahora, como él, en este preciso instante, me visto con aquel traje de pétalos azulinos que dejó caer y en su honor los transformo en versos, mas con la cadencia sonora de su respiración, tal vez y  por única vez, soy poesía.

Claudia Beatriz Felippo

Al evocarte.

Esta imperiosa necesidad de evocarte, que se cuela hasta los huesos, en las venas, la garganta. Que desnuda los silencios, bebe de mi sangre, atrapa la nostalgia.
Que enciende las fogatas, despierta amaneceres, late marejadas. Nutre la memoria a pesar de la distancia, llora anocheceres carentes de despecho y de calma.
Esta imperiosa necesidad de evocarte, que intenta transformar la luz de mi mirada, en la opacidad de la tristeza, de este estado de ensoñación porque me faltas.
Que intenta desplegar mis alas, volar tu cielo, atrapar los sueños para que no decaigan. Que no sabe de egoísmos, de venganza, de revancha.
Esta imperiosa necesidad de evocarte para sentir tus manos en las mías, mi beso en tus labios, tu voz llamando a cada rato, tu suave melodía susurrándome en la almohada.
Será que en las tinieblas no brotan misceláneas, poesías son estrellas que aducen las razones de este amor brillando en el corazón.
Si he de morir de amor, que sea al evocarte, pues mi necesidad más urgente siempre serás tú y mi desvelo llevará por siempre las letras de tu nombre.

 

Claudia Beatriz Felippo

Piensa en mí

 

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Piénsame, de la manera más alocada, furtiva, extraordinaria, falaz. Piénsame, a pesar de los vaivenes de tu andar, del ímpetu de tu sentir, de las maniobras de tu pensar, la conciencia con que medís, la despereza de tu soñar.

Piénsame, con la desmedida de tu cantar, las reminiscencias de aquellos pasos por senderos de comportamiento estoico que se fugaron sin mí. Piénsame, en el amanecer, la tarde, la noche, cuando el cielo anuncia el mañana en cada ocaso.

Piénsame, cuando la luna dibuja estelas al rondar mi cielo, cuando el sol me entibie la piel en estaciones de abrazos, cuando madruguen los sueños que compartimos antaño. Piénsame, con los versos en la voz, con el recuerdo entonando las miradas, cuando brindes con tu miel en el cristal de otros labios.

Piénsame. No quiero esperar que la indiferencia despierte mi llanto, que mis manos se enfríen aguardando tus manos, que mis ojos se apaguen a falta de la luz de tus ojos. Piénsame, de la manera que te pienso. Con dolor, con ganas, tristeza, voluntad, enojo. Con llanto, en silencio, a los gritos, sin fuerzas, con desnudez de nostalgia…

Piénsame, hasta la desesperación, el deseo, la locura, el cansancio, pues si no me piensas de la manera en que te estoy pensando, no es amor lo que en tu corazón se está gestando.

Claudia Beatriz Felippo

Otoño en mis manos

 

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Hay un otoño en las manos que tiñe de ocre la semblanza, deshace hojarascas en la mirada, desnuda fulgores con el viento, nubarrones de pesadumbre y nostalgia.
Hay un otoño muy dentro del alma que envuelve los recuerdos del pasado, le pone rostro a quienes se escaparon a volar con la brisa suave en los labios.

Despiertan ciertas gotas de rocío entre brotes que evitan calendarios, se escabullen bajo la hierba perenne que se aferra a la profunda raíz de tu abrazo. Quizás no sea hora de desengaños, tal vez aún no suelten las riendas al verano.
Será que en el espejo de los días no hay tersura, sólo nimias cicatrices en la aurora. Será que los cabellos ya no brillan, los ojos se percatan de la ausencia de antiguos resplandores.

Hay otoños que nacen de la espuma cuando el mar está desierto de gaviotas y otros que reviven en el bosque, a medida que las aves migran hacia cálidos albores.
Nadie puede descifrar cuánta inocencia dormita en tu árbol cada marzo. Sólo se sabe de esa fiel paciencia en el ciclo natural que está en sus manos.

Habrá que esperar, y resguardarse, bajo los techos fríos del ocaso, cada vez que muera el día, cual desarraigo, verás caer las hojas tibias de tu calendario.
El cielo trae pinceles amarillos para pintar las hojas verdes de mi árbol y en este nuevo tiempo yacen secos los recuerdos otoñales en mis manos.

¡Feliz otoño, a toda mi gente! (Hemisferio sur)

Claudia Beatriz Felippo

Sueños

 

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Deseo que ésta sea la última vez que me propongo abrir las alas para alcanzar un sueño. Ocurre que estoy cansada de volar y no llegar a ninguna parte, mucho menos a la meta que alguna vez vislumbré. Se acabó, caí de la cama, y esta vez no volveré a pensar en ello, al menos por un tiempo.

Aunque se diga que los sueños de tanto desearlos se hacen realidad, cuando vemos que no se cumplen, nos quitan la energía, disminuyen las ganas y quién sabe qué otras cosas. Tratamos que no se note, ponemos la mejor cara, dibujamos una sonrisa a flor de labios, encendiendo chispas de luz en la mirada, y nada. Será que no siempre entienden de ilusiones, que remolonean en la cama y se hacen rogar, de puro orgullosos, o anhelamos mucho, deseamos lo imposible. Nuestra imaginación suele ser desmedida, pues diseñamos un lugar, una persona, un instante mágico, que cambiará nuestra vida. ¿Y si acaso pedimos aquello que ya nos fue dado y no supimos valorar o, lo que es peor, lo obtuvimos, valoramos, pero no lo cuidamos y se nos escapó de las manos.

Sería bueno ponerle un costo alto a los sueños, en una de esas, no los rifaríamos ni tiraríamos a la mesa de saldos, jamás los haríamos descartables.
Cada vez que deseamos algo, pensamos todo el tiempo en ello, nos volvemos obsesivas. Hablamos de ese sueño, imaginamos lo que nos resolverá, brindará, pero, ¿qué le damos a cambio? ¿Existe alguna recompensa para demostrarle nuestra gratitud? A él también le resta energías, pues se esmera por complacernos, no defraudarnos. Quizás no tiene ganas de venir, pero como insistimos, hace un esfuerzo para no quedar mal y que lo tildemos de egoísta, escurridizo. Porque eso sí, cuando quiere, se escapa de nuestras manos, se va, ¡es tan hábil!

Algunos sueños se repiten en cuanto a necesidades de las personas. Todas soñamos con el amor, viajes, éxito -con la música, pintura, literatura. El sueño es el motor de nuestra alma, oxígeno para nuestra mente, elixir del corazón. Ahora, tanto hablarles de los sueños, me dieron unas ansias tremendas de correr detrás de algún otro.  Deseo que esta vez la suerte me acompañe para verlo realizado, y prometo contarles cómo me fue.

Si me disculpan, vuelvo a la cama, a soñar…

Claudia Beatriz Felippo