Poema de luz

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No me canso de mirarte
y cada vez que te veo
encuentro en ti
algo más fascinante.
No sé si es la mirada
la comisura de los labios
al sonreír, o la voz.
No me canso de mirarte
En el apogeo de tu querer
es donde más bello te encuentro
Irresistiblemente luminoso
tierno, sensual, hombre
Tan hombre
Que no me canso de mirarte.
Tan hermoso, tan intenso
Arrollador, en cada gesto
Mis ojos amplios, te besan
para no perderme nada
De tu encanto es mi deseo
Esa mirada que atraviesa
esos labios tuyos que versan
cuando tan tiernos llegan
pronuncian mi nombre,besan
como si nunca hubieran besado
con toda dulzura y provocación
haciendo temblar mi boca
mis manos, piernas, corazón.
Enredados los dos, piel con piel
sintiendo el fulgor de los cuerpos
toda la música en los dedos
dos lenguas escribiéndole al amor.
Porque así somos tú y yo
un bello sueño a color
luz de estrellas y sol
puñado de cielo y quimera
sin horizonte ni fronteras
siempre en las alas, poema
poema de luz y amor.

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Claudia Beatriz Felippo

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Mi otoño

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Me gusta sentarme al otro lado del río
ver la ciudad desde la otra orilla
las siluetas de los Sauces
las alas de las aves volviendo al nido.
Me gusta ese remanso claro
en medio del silencio partido
así abrir un libro y leerte
tocar la guitarra, cantarte al oído.
Me gusta imaginar tu aurora
tu boca de cielo besando mi costa
en el aleteo de mis párpados sombríos
ser melodía en el aire, poesía y gemidos.
Me gusta sentirme mujer en tu isla
ser piel en el follaje de tu sombra
abrir mis manos a tu horizonte
llenarme de luna en tu boca frondosa.
Me gusta bailar cuando llega el otoño
esa danza final al ritmo de hojas secas
sentir que mi ser y mi piel se elevan
en puntas de pie hasta ser poema.

Claudia Beatriz Felippo

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Renacer

 

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Me quedé en el aire
Colgada de la luna
Hasta el amanecer.
Me dormí
Con la última estrella
Caí sobre una flor
Abrazada a tu boca de rocío.
Y ya no supe más de ti.
Un rayo de sol
Secó tus besos
Y fue como morir.
Hasta el crepúsculo
En que renació mi luz.
Y fue allí
En ese instante
Que me hice ver.
Soy y seré
Nube rosada
Sobre el horizonte.
Toda acuarela
En el pincel
De luna y marea
Sobre tu piel.
Y me verás caer
Una y cien veces
Porque mi esencia
Es la luz, el agua
El cielo, la flor
Las estrellas
La luna y el sol.
Moriré en cada amanecer
Y renaceré
En cada atardecer.

Claudia Beatriz Felippo

Flor del río

 

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Llegas
Eres río
Te veo llegar
Me besas
Te siento al tocar
Tus labios de arcilla
Me saben besar
Traes rumor de olas
Suenas conmigo
Y en cada aurora
Eres canción
Melodía inmersa
Aire del litoral
Porque es tu nombre
Voz en el viento
Isla, arroyo y bañado.

Corres aguas abajo
Escribiendo versos
Dejando estelas
Poema que viaja
Con vista hacia el sur.

Besando vas, Paraná
Río de mirada dulce
Pariente del mar
Arenas
Rubor de tierra colorada
Y camalotal.

Llegas
Te veo llegar
Soy orilla
En la bravura de tu cantar
En tu mirada barrosa
Me quedo
Me abrazo a ti
Soy flor
Flor del camalotal
Brazos de esperanza
Pétalos de sueños lilas
Ojos de cielo
Mirada de sol
Pequeño mundo
Agua y flor, juntos
Entrelazando ayeres
Enarbolando mañanas.

Eres río
Soy en tu correntada
Entre verdes
Luce mi corazón
Agitando el presente
Cual estero que danza
Mi boca, se hace delta
Cuando mis manos te tocan
Soy cuenco para tu alma
Cada vez que te siento llorar.

Y aquí te quedas
Mi bello río
Río Paraná.
Aquí te quedas
En mí
Un rato más.

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Claudia Beatriz Felippo

Fue en un poema

 

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Una vez le hice el amor
Fue en un poema.

Al primer verso lo abracé
Al segundo lo besé
Después lo desnudé
Prenda por prenda.
Las miradas, las caricias
Y demás, eran cual letras
Yo escribía sin parar
Verso tras verso
Así sin más
Sin hablar y sin mirar
Apenas se dio cuenta
Cerró los ojos
Sonrió entregado
A mi sutil promesa.
Éramos dos en el amor
Verbo y carne sin religión
Lujuria, fuego y pasión
Entre las letras.

Una vez le hice el amor
Fue en un poema.

Quemaba la tinta
En la piel
Latía el corazón
En cada renglón
De mi inconsciencia.
La noche fiel testigo
Temblor y deseo vertido
En las yemas de mi amor
Bajo la luna y las estrellas.
El aire era su aliento
Cual brisa en mis oídos
Música de ensueño
Su voz
Suspiro entre mis dedos
Y cada gemido de placer
Escribía en mi piel
Un orgasmo furtivo.

Una vez le hice el amor
Fue en un poema.

Las horas transcurrían
Sin apuro y sin métrica
Así como los versos
El tiempo se detuvo
Al calor de los cuerpos
El sudor se hizo silencio
Abrazo, beso, soneto.

Una vez le hice el amor
A mi poeta.

Claudia Beatriz Felippo

Hagamos el amor

 

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Desnuda de palabras y sentires
camino por las calles de tu alcoba
No sé si cruzar, detenerme o seguir
hasta saber que estás aquí
que estás hoy, en mí.
Trepo por la ladera de tu cuerpo
Y
Me estremezco al sentir tu desnudez.
No esperaba verte, sentirte, amarte
Nunca me dices si vas a venir…
Hagamos de cuenta que no hay nadie.
Nadie nos lee, nos oye, nos ve.
Hagamos de cuenta que estamos solos
Después de tanto tiempo
Y
Hagamos el amor.
Sé que lo deseas, tanto como yo
La espera se hizo larga, intensa, infeliz.
En algún punto nos parecemos,
en ese tan celoso, el de este sueño por vivir.
Te abrazo cual si fueras en mis sueños.
Luce latente el deseo en el gemir.
Tus dedos dibujándome senderos
Los míos, despertando tu sentir…
Si no fuésemos amantes de soslayo,
Si tuviésemos el modo de elegir,
Si la noche impiadosa y burlona,
Nos dijera que ya es tiempo de vivir
¿Qué harías tú?
¿Qué haría yo?
Entre tus labios y los míos
hay más de un beso latiendo.
Llevan el compás sin tiempo,
la humedad de los cuerpos
y
la música de los sentidos.

Ven, hagamos el amor.

Claudia Beatriz Felippo

Mi árbol de la vida

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Déjame ser tu árbol, me dijo.
Te daré sombra, aire para tus besos,
papel para tus escritos,
madera para la cuna de tus hijos
y de tus ilusiones.
Déjame ser tu árbol
Y si quieres, dibujarás un corazón
y escribirás tu nombre en mi corteza,
junto al de alguien más.
No importa si no soy yo.
Igual te amaré.
Déjame ser tu árbol.
Tu árbol de la vida,
y luego vendrán los retoños,
con el blanco de azahar perfumado,
como tu piel.
Florecerás, vestida de novia,
y yo te daré sombra, te cuidaré, te amaré.
Déjame ser tu árbol, de la vida.
De mi vida.
Me dijo.
Y yo no supe qué hacer.
Porque siempre me he sentido ave.
Me gusta volar y cantar.
Amo la libertad
Y el árbol tiene raíz.
Entonces vuelo y regreso al nido.
Siempre, para estar con él.
Porque él es mi abrigo.
Él es mi amigo fiel.
El árbol de la vida.
De mi vida.
Claudia Beatriz Felippo