El mundo

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El mundo es un pulmón con dos caras
o lo que es mejor,
dos pulmones hacen al mundo, hoy,
su rostro es uno solo
pero precisa del sol de todos
como un abrazo a la distancia.

Su cuerpo es un espejo de aire limpio
donde mirarnos
desde adentro y hacia el afuera
de nosotros mismos;
un soplo anegado, un suspiro entrecortado,
chocando contra un muro de lienzo
humedeciendo nuestros labios,
el eco del pecho empaña los cristales
de las gafas donde encontrarnos.

El mundo es un pulmón con dos caras,
cada región late al son de
la respiración fragmentada
de quienes sobrevivimos, encerrados
entre paredes de ladrillo, bajo techo,
inmersos en el pensamiento y la incertidumbre,
como en una burbuja incierta,
imaginando, soñando el mañana,
sin besos pintados con luz artificial.

Dos pulmones hacen al mundo, hoy,
su rostro es uno solo,
precisa del sol de todos en el abrazo,
y de varias lunas, diría yo,
para inventarnos un cordón que nos proteja,
nos lleve a un jardín florecido en el ombligo de algún dios
que nos devuelva a la matriz del tiempo y el silencio, ese paraíso
donde renacer con más fuerza,
porque siempre uno regresa al lugar
donde fue feliz, anidando en la pureza de quien le amó,
ésa cabaña luminosa donde ser,
y de la que una vez salió.

Incertidumbre

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Camino los peldaños de la incertidumbre

Mis pies besan el suelo con cuidado

Como un ciego a la deriva

Subo en busca de no sé qué hacer o sentir

Esquivando el dolor y la tristeza

Que asoman entre protocolos lejanos al amor

Recorro el trayecto a paso lento

Esta incertidumbre opaca no sabe de distancias

La terraza es un cielo abierto donde aún brilla el sol

Y hacia allá voy

No hay peor oscuridad que la que se lleva dentro

La que no te permite ver, ser, estar

Es como un tapaboca gigante que te aprisiona

Que apaga los rumores, agita el pensamiento

Y abarca todo el cuerpo y la mente en su desdén

La incertidumbre reina en cada poro de la piel

Buscando aire donde casi no lo hay

Buscando luz entre las sombras de lo que fue

Intentando matar la ansiedad, el temor

A lo que no sabemos si vendrá, si será, si dolerá

Dónde nos encontrará, cuál será el punto final…

Voy hacia la cumbre de esta atroz incertidumbre

Con la pesadumbre a cuestas

Con la certeza de que es lo único que me queda

Y me abrazo con fervor a ella

A sabiendas de que otros ya ni siquiera la tendrán

Porque han perdido las alas para soñar

Y porque el vuelo les quedó al ras del suelo

De tanta vida agonizantemente olvidada.

Claudia Beatriz Felippo

Aire

aire

 

Eres mi aire puro

Y eres también mi respiración

El vuelo del silencio buscando mi voz

Entonces exhalo las notas que inspiras

En mi pecho lleno de música y poesía

Luego lates, en mí, te siento vibrar…

 

Grito por dentro

Y el aire escapa, vuela hacia otras bocas

En el viento de la madrugada

Que estremece todo sentir

Me roba el latido

Más allá del muro silente que derriba

A su paso

Solo queda el resplandor

De lo que supiste dar.

 

Se desnuda el eco de mi corazón

Cuando no estás aquí

Y me falta el aire, otra vez

Entonces muero de melancolía

Hasta que el sol se asoma

A la ventana de mi piel, me roza…

Luego llega la noche, nuevamente

Y respiro todo el aire, y lo guardo

Mientras regresas, hecho canción.

 

Con olor a lluvia

sol

Veo la luz de tus ojos tan cerca de mí

que el mundo abre cielos llenos de sol,

sacude los miedos, respira tras las sombras.

Percibo el aire húmedo en los labios del silencio

y moja, como gota de rocío que besa la flor,

y se hace canción, ecos de lloviznas en mi corazón.

 

Somos el reflejo que la lluvia hizo de nosotros,

de nuestra historia, del abrazo sentido, el beso tierno,

somos el ayer y el hoy,

el instante que nos hace uno solo, en la luz,

hasta que caliente el sol,

y seamos sólo un recuerdo húmedo

con olor a lluvia.

 

Creo

creer
Calles vacías,
no conducen a ningún lugar
solo el silencio que acecha,
con aire de agonía,
es mudo eco de letanías,
pero sabe que el mundo
jamás su voz olvidará
(de todo silencio nace una voz)
todo pasa, esto también pasará,
solo quedará el recuerdo
de cada noche preguntándonos:
cómo estoy, cómo estás,
y los abrazos, y los besos, y los versos…
en algo hay que creer,
y en alguien
yo creo en Dios,
creo en mí y en vos
creer es necesario,
yo creo en la fuerza del amor,
ésa es mi fe.

Entrega

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Ha muerto una parte de mí
De mi cuerpo
Ya no hay jardín donde perfumar los besos
Mi flor ha perdido su fragancia
Ha marchitado lejos del sol, muy lejos

Su color era el color del agua
Reflejo de silencios y cielos tormentosos
De paisajes adornados y pimpollos de luz
Por momentos semilla, caricia alada
otras veces, fuego, lluvia, marejada

Ha muerto una parte de mí
La más deseada
No hay vuelo ni secreto en bandada
Para el nido más preciado de la piel
Solo ramas, hojas, trinos de sal y viento

Las nubes y su humareda de plegarias
Los astros encendiendo las miradas
Saben de mí, de mi tristeza
Como yo de vos y tu indiferencia

La fuerza de las letras como río que viaja
Brota de las piedras sin rubor ni lenguaje
Embebiendo las horas florece
En el pliegue de la noche se hace pétalo
Y el insomnio feroz crece como hiedra

Mi mente camina, llora, reverdece, vuela,
Abre senderos de luna llena
Por donde la palabra se hace voz
Del corazón

El pensamiento brilla como una estrella
Nada con forma de pez
Cae en la red y se aferra a todo lo que ve
Así como la tinta a la página en blanco

Mis manos temblorosas calman la sed
Para vestirse de poema azul
Con la nostalgia de lo que alguna vez fue
Lo que ayer vibró y hoy es tibio recuerdo

Ha muerto una parte de mí
De mi cuerpo
Pero aún está viva la necesidad de escribir
Y a ella me entrego, con toda el alma, la fe.

Claudia Beatriz Felippo

A mi hada inmaculada, mi luna isleña

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Este poema obtuvo el primer premio en el Certamen de poesía del Rotary Club San Nicolás, año 2.019.

 

Un manojo de agua mansa respira frente a mí
entre ansiosos camalotes, pasajeros húmedos
de un invierno que transita lento
con sombrero azabache y suspirar profundo.

Son minutos de pupilas abiertas y corazón encendido
sé que pronto florecerá un pimpollo bendito
reverdeciendo el paisaje del río a pura luz y misterio.

La estela del tiempo mece mi mirada
reflejando nostalgias de un espejo en sombras
los nidos de la noche susurran bajo otras alas
a la espera de un poema de luna carmesí
que asome febril con rigor de calendario astral
desde la raíz oculta de esta tierra que sabe a isla.

Nada mejor que este rumor de fina ventisca
agitando soslayadas aguas en los labios de la orilla
con el fragor de un prolongado oleaje musical
que late en el mismo instante
en que las estrellas se abren con mágico esplendor
como si fuese un oráculo hecho canción
un claro y suave tintineo de campanas
tirando la suerte en manos de la elegante maja
que besa el horizonte y versa hasta el alba.

Que el mensaje sea de gloria y esperanza
que el alma aplauda con fulgor de poesía magna
lo que la diosa imaginaria lea en las divinas cartas
porque para esta suerte de cielo y ribera en llamas
la luna es a veces naipe y otras veces hada.

Por eso la miro fijo frente a este río que abraza
por eso le hablo bajito y con voz pausada le pido
que haga de mí un destello de luz, un faro en la tormenta
un sendero abierto, un canal puro para su alma naviera
no le pido que me quiera, de todas formas la querré
solo quiero que me vea, que me inspire y me lea
y que luego sea lo que tenga que ser
porque si mi corazón de tinta es destino de su luz eterna
mi suerte estará echada en la voz de unas simples letras
que le escriben a ella, a mi hada inmaculada, mi luna isleña.