A la sombra de un verso

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Voy a ponerle música al vaivén de las hojas
Que mueve el aire de tu nariz,
Voy bailar a tus pies, a sentir que soy trino
En el nido de tu corazón.

Porque sos mi árbol, mi fe, mi sueño, mi sostén,
El temple de mi vida, y con vos
El cielo tocaré,
Desde una rama, al abrazarte.

Estos días de alas humedecidas
Mi alma se repliega
A la espera de un nuevo sol,
Para desplegar el amor, en sintonía
Con el viento.
Y no es casual sentirme así, no es casual
Ser ave en la savia de tu cuerpo,
En la piel del día,
Ser noche en el lunar del firmamento,
Con o sin llovizna, bajo el cielo azul,
Respirar tu aroma a eucalipto, una vez más,
Transformarme y ser árbol, que florece
Entre tus hojas, a la sombra de un verso,
En un poema lleno de luz.

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Como un colibrí de fuego

image.

Espejos de la memoria del tiempo
Y del alma muda,
Reflejos de luz, ecos de tormenta,
Asoman mordiendo un perfil de ayeres
En un gemido interminable de sol,
Adueñándose de mis profundidades,
Quemando mi raíz en la latitud de tu boca,
Ése suave aleteo de oscuridad
Que no sabe de cielos, lunas, ni relojes,
Sólo de abismos sin metáfora.

La sombra del acantilado de tu pecho
Roza mi piel, devora mis senos,
Resabios de dulzor, labios que florecen,
Añoranza de tréboles mágicos,
De inédito fulgor,
En los dientes del sol, abren horizontes.

Latís en mi corazón alado,
Como un colibrí de fuego,
Dibujando senderos de humo
En turbios pasillos de ramas abiertas;
Oxigenás mis poros con vuelos de luz,
Para reposar recuerdos cristalinos
En nidos de barro e incienso.

Florecidos dedos abren paso
A un manantial de cuerdas sonoras,
Pétalos de esencia de quimeras,
Bandada de canciones que se alejan,
Como humo de arpegios en el aire,
En vuelos de luz y de la mano
De tu luna inquieta.

Hoy tu voz y la mía se enredaron
Formando nubes de abrazos sin llovizna;
El reflejo de tu alma es mi cielo diáfano,
En los espejos de la memoria
De un tiempo que no se olvida.

Letras viajeras

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En el espejo de un río manso
el imperio del sol late
sus hebras de fuego temblorosas.
Se pierden los besos en el reflejo,
como suspiros de luciérnagas
escapando de la tormenta.

El cielo abre su abanico crepuscular,
encendiendo un sutil rubor de estrellas,
a tiempo lento, muy lento,
pero la piel del universo sabe esperar,
el tiempo exacto de mi cantar.

El alma del viento
es una pluma que viaja,
es suave aleteo de pecas de luna
entre nubes peregrinas,
es roce furtivo de mariposa encantada.

Letras viajeras,
de un sentir febril e inédito
partieron con el sol
a sembrar luces de horizonte,
así retoñar pimpollos de albor,
al vuelo de pájaros de fuego,
girasoles alados que danzan ungidos
con sabor a tibia añoranza.

Sueños de tinta asoman
tras las sombras del firmamento,
un jardín de metáforas gime en mi pecho,
floreciendo azucenas en el corazón,
mientras suena un tambor feroz
corriendo por las venas,
latiendo ecos de antiguas primaveras.

En mi jardín sin luna

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Me detuve un instante, sólo un instante,
A beber del cáliz de la vida, con la aurora,
Y me embriagué en arrullos de tréboles,
Que danzaban al roce de brisas seductoras.

Me detuve un instante, que fueron dos,
A beber del cáliz de la vida, en la tarde,
Besé las copas de los árboles y los nidos,
Abriendo mi voz entre murmullos de aves,
Y canté como garganta de sol encendida,
Que late con las alas del alma florecida.

Y parí sueños de tinta entre los dedos,
Retazos de vida fértil, páginas blancas,
Pétalos de luz retoñando poemas ausentes,
Sobre inmaculados velos de tibia añoranza.

Bañada de sol, ungida en su luz,
Bebí de su boca, en el crepúsculo,
Ardiente como horizonte en llamas,
Muerta de sed, imploré al rocío de la noche,
Y me quedé latiendo entre penumbras,
Como ráfaga intermitente de suspiros,
Que despeina hebras de luna,
Encendiendo el brillo de las estrellas.

Me detuve un instante, y ya fueron varios,
A beber del cáliz de la vida, y volé
En las alas de un colibrí danzante,
Saboreando la miel de un sueño de amapola,
Más allá de todo cielo, en mi jardín sin luna.

Enredados

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Me enredé entre tus piernas,
Como pétalos de noche que se enredan
Con el aire, a toda negrura,
Sin brillo
De estrellas, ni luna,
En el hoyuelo profundo del delirio.

Me enredé entre tus piernas,
En las sábanas del día, enlazando sueños,
De sol y rocío,
Con la piel del deseo vivo, que renace
Y grita, al ritmo de los sentidos.

Y enredados fuimos luz, canto, gemido,
Magia, alborotando los latidos,
Como dos pájaros, sin alas ni trinos,
Sólo dos amantes intentando el vuelo,
Imaginando el cielo entre los cuerpos.

Amor perlado

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Así te recuerdo, así te siento,
Así son tus besos, así tus manos,
Envolviendo mi cintura en la caricia;
Así te siento, así te disfruto,
Porque en el roce y el contorno
Los dos somos uno.

Cada perla de tus labios
Es una letra ensayando palabras;
En cada beso tuyo renazco y me elevo,
Más allá de todos los poemas.

Cada vuelta es un verso de tus dedos
Enredando el deseo, en mi cuerpo,
Envolviendo mis ganas,
Invitándome a que vuelva a vos,
Y ser caricia perlada entre las piernas…

Cuando me leas, te descubrirás,
En cada silencio, cada letra, poema,
Porque te llevo en la piel, amor perlado,
Locamente, vuelta tras vuelta.

Tu boca sin fronteras

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Tu boca sin fronteras,
asoma soleada en el recuerdo,
vistiendo mi piel de azucenas,
abriendo el cielo de mis curvas,
mientras riegas mis poros,
trazando coordenadas,
con tus labios húmedos.

Tu boca sin fronteras
dibuja ríos en el mapa de mi cuerpo,
es viaje, sin brújula ni destino,
enarbolando el mejor sueño
de libertad.

Y son mis alas, tus labios.