Ayer y hoy

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Ayer te vi y me viste, te miré y me miraste
Al caer la tarde

Pude vislumbrar la tersura de tu alma
Reflejada en la piel clara de tu rostro

Nuestros ojos se buscaron, pacientes
Entre miradas tímidas y delicadas
Como pidiéndose permiso para más

El lenguaje del cuerpo abrió un paréntesis
Bajo nuestros párpados
Dando lugar a la sonrisa
Ésa que antecede a las palabras
Y todo fue luz

Ayer te vi y me viste, te miré y me miraste
Al caer la tarde

Menos mal que fue solo un instante
Porque de seguir mirándonos así
Como se miran los amantes la primera vez
Te habría besado, con los labios de mi corazón
Me habrías besado, con los labios de tu alma

Entre miradas y palabras
Entre sonrisas llenas de luz
Bajo los párpados que abrieron paréntesis
Ayer te vi y me viste, te miré y me miraste
Al caer la tarde
Y hoy es un día esplendoroso, de sol.

Claudia Beatriz Felippo

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Una y otra vez

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Puedo tocarte sin siquiera estés aquí
adentrarme en tus poros y pliegues
compartir la piel, el encanto, la fiebre
besar tus pecas y lunares, y quedarme en ti;
o, si prefieres, puedo ser una pincelada de cielo
arrebatar tus soles y dar sombra a los temores
como si fuese una nube más sobre tu cabeza
jugando el destino del viento y las estrellas.

Puedo tocarte sin siquiera tenerte cerca
acariciar tus ojos de mirada fugaz, incierta
templar las notas de tu voz y tus quimeras
arrebatarte un suspiro y hacerlo leño
así calentar mis noches de invierno
cuando te pienso y estás lejos
parado en otra vereda, sin baldosas ni pasión.

Cierro los ojos, te imagino, te toco otra vez
no me digas que no sabés que sigo ahí, en ti
que mi mano desnuda un poema contigo
y que cada verso late con corazón lascivo
porque no hay otra manera de estar, de ser
de sentir que aún estamos vivos, que ésta
que brota desde las tinieblas y se hace luz
cada vez que te pienso, te siento y escribo
una y otra vez, porque te necesito conmigo.

Soñarte

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Soñarte para tenerte, soñarte tanto,
Soñarte siempre, día y noche,
Soñarte cada tanto, cada vez,
Soñarte porque te leí un día,
Porque tu alma abracé y volé,
Soñarte con ternura, con pasión, piel.

Esperar, esperarte; sé que llegarás,
Nos leeremos a los ojos, en los labios,
Porque los sueños, de tanto soñarlos,
Se hacen nuestros, nos unen, abrazan,
Hasta hacerse realidad, hacernos uno.

Más allá de toda lluvia

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El hastío es una pared que se levanta lento,
hilera tras hilera; es dura, de piedra oscura,
y casi sin darte cuenta,
un día estás allí arriba, muy alto,
y el mareo sucumbe en tu cabeza;
y te detenés, intentando hallar equilibrio,
una vez más, como tantas otras;
cada ladrillo aporta otro gris enojo a la memoria,
la suma de tantos años cautos, sin luz ni sonrisas,
días de resquebrajados silencios, caricias mustias,
de gritos, latidos pusilánimes de sentir cohibido.

Te mirás en el reflejo de los cristales,
de esa lluvia vaga y sumisa
que cae, te moja, y se posa frente tuyo,
y no te reconocés;
dónde quedó aquella que eras, te preguntás,
y no encontrás respuestas
en la gélida piel del recuerdo más cercano,
que acompaña, sin cobijo, las palabras más hirientes.

De pronto asoma un rayo de sol en las alturas,
como buscando un nido donde entibiar un corazón,
y al verle le sonreís, y esa sonrisa se entrelaza con él,
mientras se apaga la lluvia, cristal a cristal;
y tus pies caminan pausados, descienden
por entre los peldaños de la hierba fresca,
ese verde deseo que brota en la pared de tu cuerpo
e inspira un mañana abrazado a la humedad de tu piel.

Y entonces caminás con el sol rozándote la cara,
mientras dibuja una esperanza con sabor a beso,
en la comisura rosada y gentil de tus dulces labios;
y ya no le temés a las alturas del hastío,
porque has parido terrazas donde florecer el alma,
y tu corazón se abrirá nuevamente al vuelo,
como una bella y colorida mariposa de luz,
con alas pinceladas de sol,
bajo un nuevo cielo, sin nubes grises;
y sonreirás, y te empaparás de emoción,
pero esta vez no te mojarás, esta vez volarás,
más allá de toda lluvia.

La noche

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Es de noche, es muy tarde, y pienso en vos,
Las luces parecieran nublar mi mirada,
Las pupilas se cierran lentamente,
Y me dejo llevar…
No sé qué busco, qué espero, no lo sé.

Un aroma a menta inunda mi alma,
Se me hincha el pecho, se abre mi sentir;
Quisiera tenerte aquí, olerte así,
Que me abarques en un suspiro mentolado
Que despierte el aliento fresco, intenso,
Que se apodere de mí, que me haga volar, lejos.

Es de noche, es muy tarde, y pienso en vos,
Quisiera que estuvieras aquí, y te quedes conmigo
Hasta el amanecer, y sonreírle al sol con tu boca,
Besar las nubes con tus ojos, sentir el calor
De tu cuerpo recostado en el mío, ésa química,
Ser uno en el otro, uno en uno, uno solo,
Y respirar de nuevo, con toda tu luz, la noche.

La flor y el pájaro azul

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Él quería ver nacer la flor, me hice semilla,
Sus manos me acariciaron, brindaron calor,
Sus ojos me miraron con intensa luz.

Me dejé, me dejé, me dejé querer,
Y broté, broté, en su corazón de pájaro azul,
Le abrí mi alma, pétalo a pétalo,
Y llena de amor perfumé su agitado vuelo.

Ahora viene a besarme cada tarde,
Y se duerme en el sueño de la flor que soy,
En el recuerdo de aquella que fui…

A llamaradas de poesía

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Camino sobre mi propia sombra, el sol no me abandona
En mi interior brillan las estrellas de tu nombre
Nombre que escribo en los márgenes del tiempo florecido
Y que intento borrar cada vez que la tinta me ahoga entre suspiros.

Acaso la noche me juegue una trampa en el espejo
Donde mis ojos buscan otra luz, sin arrugas ni pliegues
Aunque el corazón se tensa cada vez que te pienso
Y el fuego enardecido de mi voz aúlla, a llamaradas de poesía.

Camino sobre mi propia sombra, aunque no haya sol
Miro hacia el cielo, la luna me sonríe, es cómplice de mi sentir
Sabe que guardo racimos de sol y de estrellas en el alma
Y ella, al igual que yo, ama la oscuridad.