Más allá de toda lluvia

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El hastío es una pared que se levanta lento,
hilera tras hilera; es dura, de piedra oscura,
y casi sin darte cuenta,
un día estás allí arriba, muy alto,
y el mareo sucumbe en tu cabeza;
y te detenés, intentando hallar equilibrio,
una vez más, como tantas otras;
cada ladrillo aporta otro gris enojo a la memoria,
la suma de tantos años cautos, sin luz ni sonrisas,
días de resquebrajados silencios, caricias mustias,
de gritos, latidos pusilánimes de sentir cohibido.

Te mirás en el reflejo de los cristales,
de esa lluvia vaga y sumisa
que cae, te moja, y se posa frente tuyo,
y no te reconocés;
dónde quedó aquella que eras, te preguntás,
y no encontrás respuestas
en la gélida piel del recuerdo más cercano,
que acompaña, sin cobijo, las palabras más hirientes.

De pronto asoma un rayo de sol en las alturas,
como buscando un nido donde entibiar un corazón,
y al verle le sonreís, y esa sonrisa se entrelaza con él,
mientras se apaga la lluvia, cristal a cristal;
y tus pies caminan pausados, descienden
por entre los peldaños de la hierba fresca,
ese verde deseo que brota en la pared de tu cuerpo
e inspira un mañana abrazado a la humedad de tu piel.

Y entonces caminás con el sol rozándote la cara,
mientras dibuja una esperanza con sabor a beso,
en la comisura rosada y gentil de tus dulces labios;
y ya no le temés a las alturas del hastío,
porque has parido terrazas donde florecer el alma,
y tu corazón se abrirá nuevamente al vuelo,
como una bella y colorida mariposa de luz,
con alas pinceladas de sol,
bajo un nuevo cielo, sin nubes grises;
y sonreirás, y te empaparás de emoción,
pero esta vez no te mojarás, esta vez volarás,
más allá de toda lluvia.

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La noche

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Es de noche, es muy tarde, y pienso en vos,
Las luces parecieran nublar mi mirada,
Las pupilas se cierran lentamente,
Y me dejo llevar…
No sé qué busco, qué espero, no lo sé.

Un aroma a menta inunda mi alma,
Se me hincha el pecho, se abre mi sentir;
Quisiera tenerte aquí, olerte así,
Que me abarques en un suspiro mentolado
Que despierte el aliento fresco, intenso,
Que se apodere de mí, que me haga volar, lejos.

Es de noche, es muy tarde, y pienso en vos,
Quisiera que estuvieras aquí, y te quedes conmigo
Hasta el amanecer, y sonreírle al sol con tu boca,
Besar las nubes con tus ojos, sentir el calor
De tu cuerpo recostado en el mío, ésa química,
Ser uno en el otro, uno en uno, uno solo,
Y respirar de nuevo, con toda tu luz, la noche.

La flor y el pájaro azul

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Él quería ver nacer la flor, me hice semilla,
Sus manos me acariciaron, brindaron calor,
Sus ojos me miraron con intensa luz.

Me dejé, me dejé, me dejé querer,
Y broté, broté, en su corazón de pájaro azul,
Le abrí mi alma, pétalo a pétalo,
Y llena de amor perfumé su agitado vuelo.

Ahora viene a besarme cada tarde,
Y se duerme en el sueño de la flor que soy,
En el recuerdo de aquella que fui…

A llamaradas de poesía

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Camino sobre mi propia sombra, el sol no me abandona
En mi interior brillan las estrellas de tu nombre
Nombre que escribo en los márgenes del tiempo florecido
Y que intento borrar cada vez que la tinta me ahoga entre suspiros.

Acaso la noche me juegue una trampa en el espejo
Donde mis ojos buscan otra luz, sin arrugas ni pliegues
Aunque el corazón se tensa cada vez que te pienso
Y el fuego enardecido de mi voz aúlla, a llamaradas de poesía.

Camino sobre mi propia sombra, aunque no haya sol
Miro hacia el cielo, la luna me sonríe, es cómplice de mi sentir
Sabe que guardo racimos de sol y de estrellas en el alma
Y ella, al igual que yo, ama la oscuridad.

Con voz de sombra

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Intento asomarme hacia la que fui
Apenas ayer
Las ventanas no resisten tanta luz
Bajo las persianas y tras el cristal
Me enredo entre las sombras.
Las rendijas del alma
Por donde pasa la voz clara de la verdad
Dejan traslucir el peso de lo certero
Que envuelve, agobia, aprieta, asfixia.

Agito los brazos cortando el aire
-Tal vez así la humedad me haga florecer-
Entre surcos de voces y silencios, respiro.
Laten tréboles de cuatro hojas a mis pies
Mis dedos se vuelven tersos
Mis yemas escriben mi epitafio en tu nombre.

Abro los ojos con esmero y me ciego
De inevitable oscuridad
No sé lo que busco entre tanta penumbra…
Acaso la que fui era una luciérnaga hambrienta
En busca de un poema noctámbulo
Así embellecer las alas con el mágico velo lunar
Así morder copos de encendido viento azulado
Así crear destellos de luz en vuelos románticos
Así besar la orilla del cielo con tibia nostalgia
De nubes, lluvia de estrellas, arboledas y remanso.

Tal vez fui avecilla de agitado vuelo
Con aires de colibrí
De plumas suaves como pelusas de seda
Y alas coloridas como abrazo de mariposa.
No es sencillo volar pero aprendí
Aún con las alas rotas crucé ríos y mares
Haciendo del ocaso un nido sin pentagrama
Donde las cuerdas del cielo sonaban en mi (menor)
Y entre línea y línea de silencios se oía el eco triunfal
Del sol.

No sé si seguir mirando el ayer con voz de sombra
Mi cuerpo persiste de pie, sumido en el cansancio
Que coronan el hastío y el hartazgo
Resiste las arrugas que tejieron las agujas del reloj.
Y por más luz que dance en el cristal de la vida
El alma aflora entre cortinas de pétalos
De ausencias
De flores de lejanía que perfuman mis pies
Pies que aún sienten, vibran, caminan
Entre surcos de voces y silencios
Pies que pisan senderos de hierba fresca
Donde laten tréboles ungidos
De añoranza y melancolía.
Entonces puedo beber el licor de alquimias
De la que fui
Y apagar la sed de la que soy
Sorbiendo lentamente y desde la raíz.

Versos para Emiliano Sala

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En los remotos suburbios de un canal lejano
donde yacen las agujas de un tiempo que no es
toda quietud se vuelve frío lamento,
una herida abierta, lágrima perenne de pesar.

Un par de alas de quebrado dolor resisten
el naufragio de la impericia, la fatalidad,
escupiendo retazos azules bajo la noche ventosa,
a orillas de un sendero fatídico e indiferente, de sal.

Todo parecía romperse sacudiendo el letargo
de un puente de aire que se abrió por la mitad,
dejando a su paso la estrepitosa caída, inesperada,
de pasajeros sin voz, a puro silencio, misterio y dolor;
una nube de tristeza y vapor les arrancó el mañana
transformando el temor en agónica despedida,
con palabras abiertas al corazón, disparos de amor.

No hay jardines ni flores en lo profundo del mar,
no hay recuerdos de pétalos blancos ni tumbas,
sólo huesos congelados, llantos apagados en quejidos,
y un adiós vestido de plegaria, con rubor de ángel
que asoma su luz de brazos abiertos en vuelo celestial.

Dicen que en el fondo del mar el silencio es paz,
no se oyen las campanas ni afloran las despedidas,
quizás por eso no hay pájaros, templos, ni violines;
quizás existan remolinos de poesías aladas,
coloridas como peces,
que abrazan como si fuesen cardúmenes de sol
que no muerden, no gritan, no lloran,
pero acarician, acompañan, mojan, desde la sombra,
en medio de un abismo por demás de indeseado,
que asoma con la fuerza del universo,
a rasguños de luna,
que aunque lejana acompaña silenciosa, temblorosa,
mordiendo la inmensidad del adiós, con rumor de pueblo.

Un sollozo intenso late en cruz, como agua bendita,
arropando tu piel, tu cuerpo y tu alma,
envuelve tu pecho, santigua tu ser,
llega hasta donde nadie puede llegar;
el destino te puso allí, en ese lugar del mundo,
en ese brazo de mar llamado Canal de la Mancha,
donde Dios levanta un altar estelar en tu nombre,
y te acompaña, desde ayer y por toda la eternidad.

#EmilianoSala, que descanses en paz.

La mejor de las mentiras

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Me gustaría decirte tantas cosas…
Pero no me atrevo.
Cómo decirte que extraño el roce de nuestros cuerpos
La caricia sentida, el deseo urgente, expresado con pasión
Ese instante en que el tiempo se detenía en tu abrazo
Cada uno de los besos, los silencios, los sueños.

Recuerdo todo de vos, hasta tu olor
La manera en que venías y me tocabas, lentamente
Cerrando los ojos, y recuerdo cuando me levantabas
Y llevabas hasta tu cama, entonces me hacías tuya.

Cómo decirte cuánto me duelen esos otros labios en tu boca
La mirada cómplice, la caricia entregada al amor de otra mujer
Que no te conoce y quiere como yo
Porque nadie jamás podrá quererte como yo
Porque nosotros somos el perdón hecho canción de amor
Deletreando mieles, aunque no puedas verlo.
Si supieras lo que sufro al imaginarte entre sus brazos
Piel con piel, compartiendo la risa, las canciones, la música.

Me gustaría decirte tantas cosas…
Pero no me atrevo.
Cómo explicarte que al oír tu voz, de tanto en tanto
Regresan a mí las ilusiones de un mañana juntos
Con la esperanza de sentirte cerca, de besar tus mejillas de sol
Tus ojos de cielo claro abriéndose a los míos
Mirándonos, penetrándonos hasta tocarnos el alma
Como queriendo alcanzar el paraíso en un verso olvidado.

¡Ay, amor!, si supieras todo lo que tengo para decirte
Y no me atrevo…
Te lo podría resumir en un verso, un solo verso
Porque la poesía vino a llenar cada vacío de vos en mi pecho
La poesía me da lo que no tengo, aunque sea una mentira.
Porque me miento, amor, me miento, pensando que algún día
Regresarás a mí y haremos el amor, como tantas veces…
Me miento pensando que ya no la amás, que mío es tu corazón
Y que caminaremos a la par, todo lo que nos faltó recorrer
En el sendero de las noches y los días
Mutando cada caricia de luz en el latido de cada estrella,
En una peca de luna, un ramillete de sol, una gota de lluvia
En esa nube que despierta la tormenta cuando venís a mí de tanto en tanto
Y deseo que me toques, me beses, me lluevas.
Si, amor, me miento cada día al pensarnos
Vos y yo, juntos
Ésa es y será siempre la mejor de las mentiras.